Por fin, llegamos. Y con media caña en el estómago surgieron las dudas, las espirales, los infinitos dibujados en un continuum que siempre finaliza en el mismo punto. Los retortijones se acogieron con palabras de empatía: yo he estado allí, tú has estado allí y las dos volveremos algún día.
Y las conversaciones nunca terminaron. ¿Cómo acabas algo que empieza y termina en el mismo punto? Siempre hay que dejar un punto y seguido, que puede que retomes en otra ocasión.
Se alejó y parecía más aliviada, aunque se le podían leer las náuseas en la cara.
Se alejó y parecía más aliviada, aunque se le podían leer las náuseas en la cara.
De tanto vomitar palabras, nos perdemos fácilmente en lo que es importante: nosotros. Y dejamos que todo lo demás tome el control.
Observar la vida desde fuera. Disfrazarnos de alguien distinto y observar mi vida sin ser mía.
Y ya lo decía Mafalda:

No hay comentarios:
Publicar un comentario