Cuando volví a la habitación, algo había cambiado. Sólo veía el brillo de ese trozo de papel colgado en la pared, mirándome fijamente desde ese ojo dibujado semanas anteriores.
No sentía angustia; no sentía ya miedo.
En ese ojo se encontraba una parte de mi alma, tan mía, que nunca antes me había dado cuenta que estaba ahí.
Mentiría si dijera que ya no cuentan las opiniones, los rechazos, los halagos y los chantajes.
No sentía angustia; no sentía ya miedo.
En ese ojo se encontraba una parte de mi alma, tan mía, que nunca antes me había dado cuenta que estaba ahí.
Mentiría si dijera que ya no cuentan las opiniones, los rechazos, los halagos y los chantajes.
Mentiría si dijera que no importa lo que el mundo opine.
Importa...
En esa parte de mi con la que crecí expuesta, todo importa, todo pesa.
Pero hace ya algún tiempo que me empecé a cambiar de ropas. Tal vez la que estaba usando había encogido, se había roto o hasta a veces creo, que fue mi cuerpo el que se empezó a dormir.
Y tal y como dicen que sucede con los brazos o piernas "fantasmas", sentía y vivía desde otro sitio.
No he cambiado mi manera de ser, no he dejado las cosas de lado. Simplemente ahora vivo desde mi primer y último yo. Ese que cuesta conocer, y tal vez tardes toda una vida en entender. Es la intuición, la aventura, la frescura, la locura, la espontaneidad, la creatividad, la vida.
Y no es fácil llegar, ni estar llegando, ni supongo que haber llegado.
Pero, ese ojo me mira con una ternura nueva para mi. Y yo le devuelvo esa mirada con una sonrisa de pura felicidad en la cara.
Dicen que los sueños son reales mientras duran, ¿puedes decir lo mismo de la vida? - Waking Life
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