4 de julio de 2011

Adiós Carnaval...

Poca es la gente a quién no le gusta disfrazarse.
Hasta tenemos una profesión que nos permite hacerlo mientras "nos ganamos la vida" por ello. Que les pregunten a los actores o todos los cuentacuentos del sector de los que venden sueños...


Todo el resto de los humanos que vivimos haciendo cualquier otra cosa, no nos quitamos de disfraces. Hasta los seres que protesten más fuerte y más alto en contra de ser disfrazados, en contra de las locuras del Carnaval; aún hasta ellos se disfrazan más a menudo de lo que querrían admitir.

Hay disfraces necesarios, y hasta divertidos y honrados. Hay otros que tal vez se querrían despedazar y abandonar en la primera cuneta del camino, pero estan tan arraigados a uno mismo, que si los tiráramos sentiríamos los golpes de la duda sobre quiénes somos en los mismísimos huesos.

Hay días que nos vamos a dormir con un disfraz: da igual si dormimos solos o acompañados.
Hay otros días, que el disfraz es el que se va a dormir con nosotros: tal vez estas veces sí que le importe a quién duerma al lado con qué personage ficticio esta compartiendo la noche hoy.

Y otros, tenemos la sensación de que mientras nos lavamos la cara con agua y jabón, lavamos los colores de aquéllo que creímos que éramos, o aquéllo que pensabamos que los demás esperaban ver...

Hay caretas que duelen al abandonarse.... Porque sabes que no fuiste tú mismo. Porque sabes que esa careta está ahí en un rincón para otro día que olvidemos que aquí lo único que vale, es el interior.

Sin vanidades sobre la belleza está en el interior... Sin palabras románticas acerca de nuestra alma...
Todo aquéllo que se puede abandonar de noche al ir a dormir, cerrando el telón del espectaculo... Todo eso, se puede abandonar pues está muy lejos de quiénes somos.

¿¿Qué quienes somos??

Esa es la gran pregunta que aún creo que no sé responder en palabras. Aunque ya empiezo a poder responderla a mitades, desde mi ser.



Adiós Carnaval....

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