.
.
Algo distinto sucedió esa noche cuando volvió a casa. Al principio no encontraba cuál era el detalle distinto que la alertaba de algo nuevo.
.
La ropa usada del día anterior seguía tirada encima de la silla del escritorio. Las hojas de ese trabajo que nunca acababa de empezar seguían repartidas en su propia harmonia sobre la mesa del comedor. Las cenizas parecían arder aún por dentro, dormitando ya para siempre jamás en aquellos portainciensos de madera.
.
Los olores seguían siendo los mismos: esa mezcla entre lavanda, tierra húmeda y café molido.
.
Sobre la cama descansaban los cuatro almohadones y las dos mantas en las que se refugiaba cada noche, fingiendo así estar menos desatendida, menos sola.
.
Todo parecía estar en su lugar. Nada parecía añadido.
.
.
.
.
La noche caía y ella decidió entretenerse en prepararse una buena cena, buscar alguna peli que reojear por internet e irse a leer un ratito a la cama.
.
.
La 1:30 de la mañana.
.
Decidió terminar de leer el capítulo y dejando el libro sobre la mesita, se dió la vuelta y entró sus piernas entre las sábanas.
.
.
El último pensamiento consciente del día fue dirigido a aquélla extraña sensación de nuevo.
La había ignorado, pero la seguía acechando tras la sien.
.
.
Se dió las buenas noches y cerró sus ojos.
.
.
.
No lo pudo recordar a la mañana siguiente.
Esas cosas que pasan a veces con los sueños.
.
Entre sueños soñó que se despertaba en mitad de la noche -como tantas otras noches de los últimos meses-, y mirando hacia el techo de la habitación contemplaba toda esa hermosa historia.
Otra vez.
.
.
La había revivido, observado, analizado, llorado y reído tantísimas veces.
.
El momento en que se conocieron.
.
La primera vez que sus manos se tocaron.
.
La primera sonrisa cómplice entre los dos.
.
Su primera vez en la cama.
.
La última vez.
.
El día que se sentó a su lado y le confesó que no lo volvería a hacer más.
.
Los meses llorando.
.
Los días esperando que el teléfono sonará.
.
Las miles de historias que se montó en su cabeza.
Qué volvería.
Que le diría que la quería y que ella no podría decir que no.
.
.
.
Y en el sueño todo seguía pintado en el techo de la habitación.
.
Por eso cada mañana se despertaba contenta porque había soñado con él. Pero una daga le atravesaba el corazón cada vez que recordaba las pinturas de despedida de su techo.
.
.
Al principio creyó que las pintaba para no olvidar ningún detalle.
.
Por si volvía.
.
.
Esa noche en ese sueño... Entendió que quería marcarse a fuego su recuerdo, no quería olvidar pero tampoco quería recordar nuevos momentos.
.
.
Con o sin él... Aquí estaba su cuestión.
.
.
.
.
.
.
Por la mañana, la despertó una canción conocida.
.
Se desperezó sin levantarse de la cama...
.
Recordo la sensación agradable de su último sueño con viajes, amantes desconocidos y...
Miró al techo.
Pero ahora ya por fin, sólo podía ver el reflejo del sol.
.
.
.
Esta historia va dedicada a todas las historias que terminan como retales y por todos los retales que un día sin saber muy bien cómo, acaban perdiendóse en la memoria.
Porque en su lugar dejan espacio para que vuelva a reflejarse la luz. ;)
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Algo distinto sucedió esa noche cuando volvió a casa. Al principio no encontraba cuál era el detalle distinto que la alertaba de algo nuevo.
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La ropa usada del día anterior seguía tirada encima de la silla del escritorio. Las hojas de ese trabajo que nunca acababa de empezar seguían repartidas en su propia harmonia sobre la mesa del comedor. Las cenizas parecían arder aún por dentro, dormitando ya para siempre jamás en aquellos portainciensos de madera.
.
Los olores seguían siendo los mismos: esa mezcla entre lavanda, tierra húmeda y café molido.
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Sobre la cama descansaban los cuatro almohadones y las dos mantas en las que se refugiaba cada noche, fingiendo así estar menos desatendida, menos sola.
.
Todo parecía estar en su lugar. Nada parecía añadido.
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La noche caía y ella decidió entretenerse en prepararse una buena cena, buscar alguna peli que reojear por internet e irse a leer un ratito a la cama.
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La 1:30 de la mañana.
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Decidió terminar de leer el capítulo y dejando el libro sobre la mesita, se dió la vuelta y entró sus piernas entre las sábanas.
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El último pensamiento consciente del día fue dirigido a aquélla extraña sensación de nuevo.
La había ignorado, pero la seguía acechando tras la sien.
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Se dió las buenas noches y cerró sus ojos.
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No lo pudo recordar a la mañana siguiente.
Esas cosas que pasan a veces con los sueños.
.
Entre sueños soñó que se despertaba en mitad de la noche -como tantas otras noches de los últimos meses-, y mirando hacia el techo de la habitación contemplaba toda esa hermosa historia.
Otra vez.
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La había revivido, observado, analizado, llorado y reído tantísimas veces.
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El momento en que se conocieron.
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La primera vez que sus manos se tocaron.
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La primera sonrisa cómplice entre los dos.
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Su primera vez en la cama.
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La última vez.
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El día que se sentó a su lado y le confesó que no lo volvería a hacer más.
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Los meses llorando.
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Los días esperando que el teléfono sonará.
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Las miles de historias que se montó en su cabeza.
Qué volvería.
Que le diría que la quería y que ella no podría decir que no.
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Y en el sueño todo seguía pintado en el techo de la habitación.
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Por eso cada mañana se despertaba contenta porque había soñado con él. Pero una daga le atravesaba el corazón cada vez que recordaba las pinturas de despedida de su techo.
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Al principio creyó que las pintaba para no olvidar ningún detalle.
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Por si volvía.
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Esa noche en ese sueño... Entendió que quería marcarse a fuego su recuerdo, no quería olvidar pero tampoco quería recordar nuevos momentos.
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Con o sin él... Aquí estaba su cuestión.
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Por la mañana, la despertó una canción conocida.
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Se desperezó sin levantarse de la cama...
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Recordo la sensación agradable de su último sueño con viajes, amantes desconocidos y...
Miró al techo.
Pero ahora ya por fin, sólo podía ver el reflejo del sol.
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Esta historia va dedicada a todas las historias que terminan como retales y por todos los retales que un día sin saber muy bien cómo, acaban perdiendóse en la memoria.
Porque en su lugar dejan espacio para que vuelva a reflejarse la luz. ;)
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