5 de abril de 2011

Retales

.
.

Algo distinto sucedió esa noche cuando volvió a casa. Al principio no encontraba cuál era el detalle distinto que la alertaba de algo nuevo.
.
La ropa usada del día anterior seguía tirada encima de la silla del escritorio. Las hojas de ese trabajo que nunca acababa de empezar seguían repartidas en su propia harmonia sobre la mesa del comedor. Las cenizas parecían arder aún por dentro, dormitando ya para siempre jamás en aquellos portainciensos de madera.
.

Los olores seguían siendo los mismos: esa mezcla entre lavanda, tierra húmeda y café molido.

.

Sobre la cama descansaban los cuatro almohadones y las dos mantas en las que se refugiaba cada noche, fingiendo así estar menos desatendida, menos sola.

.

Todo parecía estar en su lugar. Nada parecía añadido.
.
.
.
.

La noche caía y ella decidió entretenerse en prepararse una buena cena, buscar alguna peli que reojear por internet e irse a leer un ratito a la cama.
.
.

La 1:30 de la mañana.
.
Decidió terminar de leer el capítulo y dejando el libro sobre la mesita, se dió la vuelta y entró sus piernas entre las sábanas.
.
.
El último pensamiento consciente del día fue dirigido a aquélla extraña sensación de nuevo.
La había ignorado, pero la seguía acechando tras la sien.
.
.
Se dió las buenas noches y cerró sus ojos.
.
.
.

No lo pudo recordar a la mañana siguiente.
Esas cosas que pasan a veces con los sueños.
.

Entre sueños soñó que se despertaba en mitad de la noche -como tantas otras noches de los últimos meses-, y mirando hacia el techo de la habitación contemplaba toda esa hermosa historia.
Otra vez.
.
.
La había revivido, observado, analizado, llorado y reído tantísimas veces.
.

El momento en que se conocieron.
.
La primera vez que sus manos se tocaron.
.
La primera sonrisa cómplice entre los dos.
.
Su primera vez en la cama.
.
La última vez.
.
El día que se sentó a su lado y le confesó que no lo volvería a hacer más.
.
Los meses llorando.
.
Los días esperando que el teléfono sonará.
.
Las miles de historias que se montó en su cabeza.

Qué volvería.
Que le diría que la quería y que ella no podría decir que no.
.
.
.

Y en el sueño todo seguía pintado en el techo de la habitación.
.
Por eso cada mañana se despertaba contenta porque había soñado con él. Pero una daga le atravesaba el corazón cada vez que recordaba las pinturas de despedida de su techo.

.
.
Al principio creyó que las pintaba para no olvidar ningún detalle.
.
Por si volvía.
.
.
Esa noche en ese sueño... Entendió que quería marcarse a fuego su recuerdo, no quería olvidar pero tampoco quería recordar nuevos momentos.
.


.
Con o sin él... Aquí estaba su cuestión.
.
.
.
.
.
.

Por la mañana, la despertó una canción conocida.
.
Se desperezó sin levantarse de la cama...
.
Recordo la sensación agradable de su último sueño con viajes, amantes desconocidos y...


Miró al techo.



Pero ahora ya por fin, sólo podía ver el reflejo del sol.


.
.
.

Esta historia va dedicada a todas las historias que terminan como retales y por todos los retales que un día sin saber muy bien cómo, acaban perdiendóse en la memoria.
Porque en su lugar dejan espacio para que vuelva a reflejarse la luz. ;)

3 de abril de 2011

Sobre el Miedo...

Como toda emoción humana básica, el Miedo en estados "aceptables" es lo mejor que le puede pasar a uno.

¿Sabéis esa sensación extraña que anuda nuestro ombligo o hierve nuestras entranyas? Por ejemplo... cuando nos enamoramos, o cuando nos acaban de llamar para concedernos ese trabajo, o cuando acabamos de enfrentar una situación complicada que necesitábamos enfrentar, y lo hemos hecho con éxito...

Estoy convencida que una parte de esa sensación extraña no es más que Miedo. Esa emoción que nos hace estar alertas, suelta adrenalina, dispara el arousal de activación y nos vuelve un poco locos.
Como los animales.... Esa preparación "adrenalínica" que activa sus muslos por si tienen que echar a córrer.

Y es que ese miedo está ahí solo para ayudarnos, avisarnos de que estamos vulnerables por algo, que lo disfrutemos, pero vigila.. Que en este mundo nada se sabe... Siempre está bien estar preparado, aunque por mucho que queramos habrá cosas que nunca esperamos que pasen... Y acaban pasando.



Después tenemos ese otro miedo del que volvía a hablar ayer con una amiga.
(Sí,... últimamente no paro de hablar del miedo.. Creo que realmente FEAR IS ALL AROUND... Como diria la canción....:) ).

Ese miedo que nos paraliza, porque no lo sabemos parar y él crece y crece, hasta que llegamos a un punto en que del estado de alerta se supera a si mismo para paralizarnos y dejarnos estupefactos, anímicos, apáticos, ansiosos,... o hasta llegamos a conformarnos.
Nos conformamos con algunos sueños, algunos deseos que nos gustaría llegar a poder hacer...



"Me gustaría estudiar italiano"
"Me gustaría aprender a tocar el piano"
"Me gustaría escribir un libro"
"Me gustaría trabajar de voluntario"
"Me gustaría hacer algo para ayudar a cambiar el mundo"
"Me gustaría poder viajar por todo el mundo"
"Me gustaría probar 50 trabajos antes de quedarme con uno"
"Me gustaría comprar una casa" (Con este ya no habló de "me gustaría estar hipotecado por 40 años..." yupi!)
"Me gustaría tener hijos"
"Me gustaría quedarme soltero"



Y un laaaargo etcétera..
Algunos llegan a realizar la mayoría de sus deseos... Aunque apostaría lo que fuera, porque cualquiera de nosotros sabemos almenos una cosa en nuestra vida, que quisiéramos haber hecho pero decidimos que era una locura, no tenía sentido, no "podíamos" hacerlo o había demasiados riesgos.

Y totalmente lícito el poder elegir qué hacer. La vida se trata de ELECCIONES al fin y al cabo.

Pero sólo quiero dejar claro... que a veces queremos estudiar italiano, aprender a tocar el piano, queremos viajar, queremos tener hijos o quedarnos solteros para los restos... Simplemente porque Queremos. A veces no se necesitan excusas, justificaciones y manuales del uso de vivir para emprender lo que queremos emprender.

La justificación última es hacia nosotros.


.

Y aqui acabo con un fragmento de un libro de Frank Herbert (sacado del blog de paulo coelho)

No debo tener miedo. El miedo es el asesino de mentes. El miedo es la pequeña muerte que nos aporta total obliteración. Voy a encarar mi miedo. Permitiré que pase por y a través de mi. Y cuando haya pasado, volveré mi ojo interno hacia atrás para ver su paso. Cuando el miedo se ha ido, no queda nada más. Sólo permanezco yo mismo.

I must not fear. Fear is the mind-killer. Fear is the little-death that brings total obliteration. I will face my fear. I will permit it to pass over me and through me. And when it has gone past I will turn the inner eye to see its path. Where the fear has gone there will be nothing. Only I will remain...

Frank Herbert.

....


....